Category: cine

Ira de Titanes, crónica de una secuela anunciada

B y yo estábamos en su casa aburridos. Cualquiera hubiera aprovechado para montar una fiesta, alicatar el baño hasta el techo con azulejos de Porcelanosa, organizar algún macabro ritual satánico de esos que hacemos los frikis en nuestros ratos libres… pero no, hoy no teníamos ganas de estar tirados en el sofá vegetando. Total, que entre una cosa y otra decidimos ir al cine, y la película estaba elegida casi antes de enfundarme las deportivas: Ira de Titanes.

Viendo que Furia de Titanes fue relativamente taquillera [aun es recordada como uno de los 3D más pestosos aparecidos hasta ahora], no era raro que se anunciara una segunda parte. Huelga decir que el nombre no es un alarde de imaginación por parte de los guionistas, aunque hubiera sido peor llamarla Ira de Aberronchos; bueh, en verdad ese hubiera sido bastante awesome, pero es una valoración personal.

La historia continua unos años después de donde acabó la primera película: los dioses siguen en el Olimpo, Perseo ha sido papuchi y viuduchi, la reina Andrómeda sigue estando que cruje… pero algo perturba la Fuerza, digooo A LOS DIOSES [Liam Neeson, tu papelón de Qui-Gon Jin será uno de los más recordados de la saga], y Zeus se da cuenta de que el mundo vuelve a estar en peligro. A partir de ahí, Perseo tendrá que apañárselas para salvar nuevamente al mundo y a los dioses mientras docenas de bichos mitológicos le persiguen por todos lados. Podría contar más, pero no quiero encontrarme cabezas de caballo en mi cama por parte de las productoras.

La película en general no está mal. No, en serio, yo pensaba que iba a salir con cara de haba de la sala [más aun cuando fui a verla en 3D], pero al final salí relativamente satisfecho. Confieso ser en ocasiones bastante maniático en cuanto al guión y el hilo de la historia, donde es bastante común dejar lagunas que se espera que el espectador llene con su imaginación o con los vagos datos que da el guión. Una historia relativamente buena, acción para mantener al espectador pendiente de lo que pasa, alguna que otra patada a la mitología griega… Como digo siempre, no es una película de Oscar, sino más bien para echar el rato, que es lo que yo quería esa tarde. Por cierto, papelones destacables los de Liam Neeson como Zeus y Ralph Fiennes como Hades, por lo menos para mí los dos mejores de la película.

Veréis que estoy dejando de escribir tochos ladrilleros… ¿En verdad los echáis de menos? Yo creo que no, aunque si tenéis ganas de leer alguno sólo decídmelo y os narro un Quixote en castellano antiguo [tengo una edición en mi casa, y juro por Odín que si es necesario la transcribo].

¿Habéis visto/sufrido Ira de Titanes? ¿Os gustó? ¿Deseáis meter fuego a Hollywood por perpetrar este engendro? Sois libres de comentar.

Bon voyage.

Cine per totes: El último exorcismo y El sicario de Dios

Ir al cine no es algo que todo el mundo se pueda permitir, ya que los precios no son precisamente asequibles; sin embargo, un día es un día, y de vez en cuando te puedes dar el lujo de ir una vez en semana no, sino hasta dos veces… eso sí, a costa de no volver en una temporada xD. Las dos películas que tuve el “gusto” de ver esta semana pasada fueron “El último exorcismo” y “El sicario de Dios“. Las comentaré aparte, porque son para echarles de comer aparte a cada una:

La primera “película” que vi, el Viernes, fue “El último exorcismo“. Se eligió esta película debido a que “El sicario de Dios” lo vio una de las parejas que íbamos [éramos 4 en total] y “Thor” la vimos mi novia y yo a mediados de mes, así que no pensábamos repetir película. Tras una larga discusión en la que los hombres llegamos a proponer “Piratas del Caribe 4“, finalmente optamos por esta “película“, que era la que le gustaba a las niñas [sí, claramente les echo la culpa a ellas de haber entrado ahí] y que menos discusión iba a crear. Y hablo siempre de “película” porque no hay palabra que defina correctamente ese MALDITO Y JODIDO BODRIO DE LOS COJONES. Diría que con esta definición me quedo corto, pero sé que hay menores de edad leyendo estas líneas y tengo que ser sobrio y cometido… pero joder, es imposible hacer una cosa peor que este maldito trozo de bazofia cinematográfica.

El argumento nos cuenta la historia de Connor, un párroco-showman de una iglesia de un pequeño pueblo de Estados Unidos. Le educaron desde joven para dar sermones al más puro estilo iglesia gospel, dando espectáculo y usando su carisma para atraer al público. A partir de cierto incidente traumático se da cuenta de falta de fé, y decide dejar la profesión; sin embargo, como colofón final a su carrera, desea desenmascarar a los “exorcistas” de la Iglesia [el padre de Connor también fue “exorcista“] mediante un documental, que es la película que estamos viendo. Acompañado de la reportera Iris y su cámara Louis, Connor acudirá a una granja perdida de la mano de Dios a realizarle un exorcismo a una muchacha cuyo padre pide su ayuda. Cuando llegan a la granja, las cosas son cada vez más raras y nada es lo que parece…

Y hasta aquí contaré. Si queréis ver la película allá vosotros, pero os recomiendo no gastaros ni un duro en verla. Podría analizar el metraje, la fotografía, el ritmo de la acción, la caracterización de los personajes… ¡pero es que todo en esta cinta es una maldita mierda!. Desde el principio hasta el final es un auténtico despropósito, con algunas partes en las que puedes reirte de las payasadas de Connor, pero nada más. El comentario general de la sala al salir por la puerta fue un “vaya mierda, que me devuelvan mi dinero“, y es que la película no tiene pies ni cabeza; veréis, entiendo que quieran crear un cierto dilema a lo largo de la película, hacer dudar entre si lo que estamos viendo es real o no, es un interesante recurso narrativo… pero por favor, al menos en el final intentad explicar algo, que los tres últimos minutos de la “película” es un ejemplo de cómo NO debe terminar un largometraje.

Vamos, la típica película que sólo querréis ver con los colegas con una buena jarra de “bebida espirituosa” a mano [porque si no no tendréis alma de tragaros esto].

La película del Sábado fue “El sicario de Dios“, película que vi a solas con mi señora. Esto sí es una película.

La historia nos pone en la piel de Ivan Isaacs, un “Sacerdote” que participó en las Guerras Vampíricas. Los “Sacerdotes” eran guerreros con poderes sobrenaturales capaces de luchar contra los vampiros, criaturas monstruosas que poco tienen que ver con el aristocrático Drácula que nos presentaba Bram Stoker, y que estaban diezmando a la población de humanos del mundo. Ivan recibe un mensaje de que su hermano fue atacado en su casa del desierto, muriendo la mujer de éste y siendo su hija secuestrada; Hicks, el mensajero, sheriff de un poblado cercano, se unirá al “Sacerdote” para rescatar a la chica antes de que sea tarde. Por el camino, veremos un mundo parcialmente dominado por la Iglesia que se opone a que el “Sacerdote” vuelva a la actividad y unos vampiros más listos de lo que los humanos pensaban…

Esta película está basada en el cómic Priest, una obra del coreano Hyung Min-woo que actualmente publica Norma Editorial. Si bien no es una adaptación del cómic original, sí nos ofrece una ambientación similar [al menos con lo poco que he leido], y una historia que promete continuación… o continuaciones a juicio del final de la película.

Lo primero que me llamó la atención fue el ambiente de Unión Soviética estalinista de Ciudad Catedral, el primer escenario que nos ofrece la película, una ciudad oscura llena de consignas y con un ambiente triste y desolado; sin duda, si la URSS hubiera sido católica nos encontraríamos esto [o si nos gobernaran ciertos partidos promocionados por ciertos medios de comunicación]. Los demás escenarios son desiertos, bunkers y tierras desoladas por los vampiros, propios de cualquier escena post-apocalíptica. El mejor escenario para irse de copas con los amigos.

No he entrado especialmente en detalles en las películas, ya que no quiero destriparoslas, una para que la veais y otra para ahorraros morir de un ataque de caspa. Si queréis entrar en alguna discusión, podemos hacerlo a través de comentarios en este mismo post.

Disfrutad, sed felices e id al cine a ver las películas que merezcan la pena, sólo si vais en buena compañía y tenéis algún plan alternativo [quién me ha visto y quién me ve…].

La saga Crepúsculo

Crepúsculo [Twilight] es, a día de hoy, el gran fenómeno cinematográfico, igual que en su momento fueron El señor de los anillos, Matrix o Harry Potter: una serie de historias precedidas por un conjunto de críticas positivas y negativas, en ambos casos a veces muy exageradas, y que gracias a la magia de la publicidad y de agresivas campañas de marketing se han colado en nuestras vidas para que esos nombres no nos dejen indiferentes. Las amas o las odias, pero cualquiera que no viva en un bunker “nucelar” conoce esos nombres y sabe de qué va aunque sea de oidas. A raiz de una noticia aparecida en la prensa sobre las opiniones del bajista de Muse, Chris Wolstelholme, sobre su participación en la BSO de Crepúsculo, me he inspirado para escribir este artículo.

Este “gran fenómeno” ha recibido críticas de todo tipo: desde las argumentales y las basadas en la mitología vampírica hasta los chistes más bizarros y destroyer que jamás podáis imaginar, algunas críticas salidas por cierto de mi boca. Sin embargo, como en este artículo tengo que ser [o intentar ser] objetivo, tendré que reseñar algunas de sus bondades. Según sus fans, es una película de amor muy linda y tierna… y con dos tíos que están muy buenos. Efectivamente, habréis adivinado que el grueso de sus defensores son mujeres. Luego los hombres somos los hormonados. ADV. Whathever… por cosas de la vida, me he tragado las tres películas, y por una de ellas incluso he pagado, cosa que aun sigue doliéndome en mi tacañería más introspecta, y como no sólo las he visto sino que encima con algunas hasta he repetido me considero suficientemente capacitado para escribir este artículo sin morir de un ataque de caspa.

Comenzaremos resumiendo un poco el artículo: Bella (Kristen Stewart), diminutivo de Isabella, llega a Forks, un pueblo normalmente nublado de Washington para vivir con su padre mientras su madre vive la vida loca con su nuevo marido. Una vez en Forks la muchacha, un poco antisocial ella, hace amigos en el instituto, lo normal de cualquier adolescente, y conoce a toda la peña típica: los deportistas, las aficionadas a las compras, las modositas… y a los antisociales, representados por los Cullen. Los cinco hijos del doctor Cullen, médico del pueblo, no se juntan con nadie que no sean ellos mismos y viven la vida a su manera, destacando especialmente uno de ellos: Edward Cullen (Robert Pattinson). Después de una serie de malentendidos, Edward y Bella comienzan a desarrollar una relación amistosa que deriva en una confesión del mozo: él y toda su familia son chupasangres, Nosferatus, demonios… vamos, vampiros de toda la vida. Desde entonces, la vida de Bella no es la misma… más aun cuando descubre que Jacob (Taylor Lautner), su amigo de la infancia y por el cual guarda ciertos sentimientos, es un licántropo, un hombre lobo; cosas de la vida, los enemigos mortales de los vampiros.

Básicamente ahí os he resumido la mitad de la primera película y la base de todo el argumento de la saga. Lo primero que destaca es que la probe Bella tiene toda la suerte del mundo: detrás de ella van dos bichos raros que podrían merendársela de un par de mordiscos, además de tener un olor más que delicioso y apetecible [¡niña, usa desodorante!]. Fueraparte, lo primero que hay que destacar es el objetivo de la autora [se supone]: crear una historia de amor con elementos sobrenaturales. No sólo consigue eso, sino que le da una vuelta de tuerca al género de películas sobre vampiros; cuando estamos acostumbrados a las películas donde el vampiro es un personaje antagonista, sanguinario, cruel y deshumanizado, Crepúsculo nos trae una historia de amor donde un vampiro lucha contra sus instintos y que teme que su amada caiga en un mundo alejado del humano, con sus propias reglas y mandamientos. Es algo completamente distinto, un soplo de aire fresco que ofrece una visión alternativa al vampiro que nos presentó Bram Stroker en su clásico “Drácula“.

Por otra parte, también añade el elemento que hace que cualquier película romántica te mantenga agarrado a la silla: la aparición de un tercer elemento, que para más inri es un hombre lobo [más bien un licántropo, ya que al transformarse no mantiene ningún rasgo físico humano], el enemigo más encarnizado del vampiro como se ha podido ver en películas como Van Hellsing o Underworld que trasladan la mitología literaria al gran público. Lobo contra vampiro, Jacob contra Edward, ambos tienen distintas actitudes ante Bella, que no termina de aclararse por ninguno de los dos por más que le tire Edward. Todo muy romántico al más estilo americano.

Las críticas más destructivas vienen, precisamente, por la mitología: ¿desde cuándo un vampiro brilla como si estuviera rebozado en purpurina al exponerse al sol en lugar de quemarse y arder? ¿Los vampiros no vivían sólo de noche? ¿Y qué es eso de que cada vampiro tenga un poder como si estuvieramos en los X-Men? Definitivamente, el vampiro que creó la literatura ha sido completamente “afeminado“, convirtiendo a la más mortífera criatura de la noche en un pelele sentimentaloide y pelagatos. También se achaca la excesiva ñoñería presente en la relación entre Edward y Bella, azucarada y endulzada hasta límites diabéticos. Está claro que para el fan de Chuck Norris ver Crepúsculo es la mayor tortura.

Ahora viene mi crítica personal, que no se inclina ni hacia un lado ni hacia otro. Por un lado, tenemos una serie de películas entretenidas, no para crear escuela pero sí para entretenerse un par de horas con tu pareja en el cine o en casa. O incluso con amigotes, ya que admiten todo tipo de doblajes “made in Flo” sobre la marcha, con la posibilidad de echar unas buenas risas. Pero me quiero centrar en un aspecto que poca gente destaca: la pasión y la sexualidad. En serio, ¿mi novia y yo somos los únicos que nos percatamos del erotismo que desprenden esas miradas, las ganas de decir “tírame al suelo y házmelo aquí y ahora” que tienen ambos? Gestos, miradas, actos reflejo, palabras… existe deseo entre ambos, que por una cosa u otra no se puede materializar, pero que está ahí, que se palpa y que en cualquier momento estallará, seguramente al final de la última película. Puro erotismo y hormonas a tuttiplen.

En fin, si bien las películas no son tan vomitivas como alguna gente hace creer, no entrarán en los anales de la historia por ser clásicos como hizo Hitchcock o Steven Spilberg. Eso sí, por mucho que se arrepientan, Muse ayudó a crear una excelente banda sonora, con canciones perfectamente recordables y reconocibles en cualquier sitio. #yoconfieso que las veces que echaron por televisión la primera película sólo la ponía en la escena del partido de baseball, con esa canción tan gloriosa que es “Supermassive Black Hole“.

Sólo una recomendación: si las veis con vuestras parejas, procurad estar solos y echad cuentas de cada gesto y analizadlos, os subirá la líbido y las hormonas de forma desproporcionada.

Y a todo esto: seguiré llamando a esta saga “Mierdúsculo” pese a todo.

WordPress Themes