La saga Crepúsculo

Crepúsculo [Twilight] es, a día de hoy, el gran fenómeno cinematográfico, igual que en su momento fueron El señor de los anillos, Matrix o Harry Potter: una serie de historias precedidas por un conjunto de críticas positivas y negativas, en ambos casos a veces muy exageradas, y que gracias a la magia de la publicidad y de agresivas campañas de marketing se han colado en nuestras vidas para que esos nombres no nos dejen indiferentes. Las amas o las odias, pero cualquiera que no viva en un bunker “nucelar” conoce esos nombres y sabe de qué va aunque sea de oidas. A raiz de una noticia aparecida en la prensa sobre las opiniones del bajista de Muse, Chris Wolstelholme, sobre su participación en la BSO de Crepúsculo, me he inspirado para escribir este artículo.

Este “gran fenómeno” ha recibido críticas de todo tipo: desde las argumentales y las basadas en la mitología vampírica hasta los chistes más bizarros y destroyer que jamás podáis imaginar, algunas críticas salidas por cierto de mi boca. Sin embargo, como en este artículo tengo que ser [o intentar ser] objetivo, tendré que reseñar algunas de sus bondades. Según sus fans, es una película de amor muy linda y tierna… y con dos tíos que están muy buenos. Efectivamente, habréis adivinado que el grueso de sus defensores son mujeres. Luego los hombres somos los hormonados. ADV. Whathever… por cosas de la vida, me he tragado las tres películas, y por una de ellas incluso he pagado, cosa que aun sigue doliéndome en mi tacañería más introspecta, y como no sólo las he visto sino que encima con algunas hasta he repetido me considero suficientemente capacitado para escribir este artículo sin morir de un ataque de caspa.

Comenzaremos resumiendo un poco el artículo: Bella (Kristen Stewart), diminutivo de Isabella, llega a Forks, un pueblo normalmente nublado de Washington para vivir con su padre mientras su madre vive la vida loca con su nuevo marido. Una vez en Forks la muchacha, un poco antisocial ella, hace amigos en el instituto, lo normal de cualquier adolescente, y conoce a toda la peña típica: los deportistas, las aficionadas a las compras, las modositas… y a los antisociales, representados por los Cullen. Los cinco hijos del doctor Cullen, médico del pueblo, no se juntan con nadie que no sean ellos mismos y viven la vida a su manera, destacando especialmente uno de ellos: Edward Cullen (Robert Pattinson). Después de una serie de malentendidos, Edward y Bella comienzan a desarrollar una relación amistosa que deriva en una confesión del mozo: él y toda su familia son chupasangres, Nosferatus, demonios… vamos, vampiros de toda la vida. Desde entonces, la vida de Bella no es la misma… más aun cuando descubre que Jacob (Taylor Lautner), su amigo de la infancia y por el cual guarda ciertos sentimientos, es un licántropo, un hombre lobo; cosas de la vida, los enemigos mortales de los vampiros.

Básicamente ahí os he resumido la mitad de la primera película y la base de todo el argumento de la saga. Lo primero que destaca es que la probe Bella tiene toda la suerte del mundo: detrás de ella van dos bichos raros que podrían merendársela de un par de mordiscos, además de tener un olor más que delicioso y apetecible [¡niña, usa desodorante!]. Fueraparte, lo primero que hay que destacar es el objetivo de la autora [se supone]: crear una historia de amor con elementos sobrenaturales. No sólo consigue eso, sino que le da una vuelta de tuerca al género de películas sobre vampiros; cuando estamos acostumbrados a las películas donde el vampiro es un personaje antagonista, sanguinario, cruel y deshumanizado, Crepúsculo nos trae una historia de amor donde un vampiro lucha contra sus instintos y que teme que su amada caiga en un mundo alejado del humano, con sus propias reglas y mandamientos. Es algo completamente distinto, un soplo de aire fresco que ofrece una visión alternativa al vampiro que nos presentó Bram Stroker en su clásico “Drácula“.

Por otra parte, también añade el elemento que hace que cualquier película romántica te mantenga agarrado a la silla: la aparición de un tercer elemento, que para más inri es un hombre lobo [más bien un licántropo, ya que al transformarse no mantiene ningún rasgo físico humano], el enemigo más encarnizado del vampiro como se ha podido ver en películas como Van Hellsing o Underworld que trasladan la mitología literaria al gran público. Lobo contra vampiro, Jacob contra Edward, ambos tienen distintas actitudes ante Bella, que no termina de aclararse por ninguno de los dos por más que le tire Edward. Todo muy romántico al más estilo americano.

Las críticas más destructivas vienen, precisamente, por la mitología: ¿desde cuándo un vampiro brilla como si estuviera rebozado en purpurina al exponerse al sol en lugar de quemarse y arder? ¿Los vampiros no vivían sólo de noche? ¿Y qué es eso de que cada vampiro tenga un poder como si estuvieramos en los X-Men? Definitivamente, el vampiro que creó la literatura ha sido completamente “afeminado“, convirtiendo a la más mortífera criatura de la noche en un pelele sentimentaloide y pelagatos. También se achaca la excesiva ñoñería presente en la relación entre Edward y Bella, azucarada y endulzada hasta límites diabéticos. Está claro que para el fan de Chuck Norris ver Crepúsculo es la mayor tortura.

Ahora viene mi crítica personal, que no se inclina ni hacia un lado ni hacia otro. Por un lado, tenemos una serie de películas entretenidas, no para crear escuela pero sí para entretenerse un par de horas con tu pareja en el cine o en casa. O incluso con amigotes, ya que admiten todo tipo de doblajes “made in Flo” sobre la marcha, con la posibilidad de echar unas buenas risas. Pero me quiero centrar en un aspecto que poca gente destaca: la pasión y la sexualidad. En serio, ¿mi novia y yo somos los únicos que nos percatamos del erotismo que desprenden esas miradas, las ganas de decir “tírame al suelo y házmelo aquí y ahora” que tienen ambos? Gestos, miradas, actos reflejo, palabras… existe deseo entre ambos, que por una cosa u otra no se puede materializar, pero que está ahí, que se palpa y que en cualquier momento estallará, seguramente al final de la última película. Puro erotismo y hormonas a tuttiplen.

En fin, si bien las películas no son tan vomitivas como alguna gente hace creer, no entrarán en los anales de la historia por ser clásicos como hizo Hitchcock o Steven Spilberg. Eso sí, por mucho que se arrepientan, Muse ayudó a crear una excelente banda sonora, con canciones perfectamente recordables y reconocibles en cualquier sitio. #yoconfieso que las veces que echaron por televisión la primera película sólo la ponía en la escena del partido de baseball, con esa canción tan gloriosa que es “Supermassive Black Hole“.

Sólo una recomendación: si las veis con vuestras parejas, procurad estar solos y echad cuentas de cada gesto y analizadlos, os subirá la líbido y las hormonas de forma desproporcionada.

Y a todo esto: seguiré llamando a esta saga “Mierdúsculo” pese a todo.

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