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El papeleo, tu gran amigo

El papeleo. Esa palabra que siempre sonaba como algo “de mayores“. Ver a papá hablando de “papeleo” en épocas de rellenar la declaración de la renta mientras mamá se tira de los pelos porque no aparece X papel [este año me ha tocado hacer la mía y me siento troleado] es una estampa entrañable en nuestras infantiles e inocentes mentes… Pero todo cambia cuando eres TÚ quien se enfrenta a LOS PAPELES. Malditos papeles, añado.

Desde que tengo aproximadamente 13 años me ha tocado hacer casi todas mis gestiones yo mismo, o al menos las que yo podía hacer siendo menor de edad. Muchos amigos de clase que iban con sus padres al lado se extrañaban de verme solo en la cola para echar la matrícula del colegio, con mis chorrocientos papeles rellenos [la mitad por mí] y todo listo para entregarlos a la monja directora, que por enésimo año consecutivo me decía que mis padres se tenían que apuntar al APA por huevos [a lo que yo, cordial y figuradamente, le remitía la opinión de mis padres en forma de enorme corte de mangas]. ¿Pereza de mis padres o ganas de no soltarle a la monja una guarrería? ¿Ganas de que me busque yo la vida? Ni pajolera idea, pero con el tiempo me he acostumbrado a tratar con todo tipo de fauna administrativa, cosa que ahora agradezco.

Por definición, según la RAE, el papeleo es “la acción o efecto de papelear, resolver papeles“, o “exceso de trámites en la resolución de un asunto. Si fuera la Wikipedia añadiría una tercera acepción: “putada inmensa creada por alguien con más mala leche que Saddam con un ataque de hemorroides“. Ahora en serio, ¿por qué es necesario complicar tanto algo que si se hace bien puede ser muy simple? ¿Ganas de joder o de talar árboles?

Hay muchos tipos de papeleo, algunos más graciosos que otros, pero yo los clasifico en varios niveles:

  • Nivel Paradójico/Medium: son los papeles que tienes que echar en el banco. Un banco abre, aproximadamente, de 9 de la mañana a 2 de la tarde. Sí, el horario mola y sólo hay que madrugar… si no trabajas, claro está. Si a mí el banco me dice que hay un recibo que tengo que ir a pagar, que sólo puedo hacerlo por la mañana y yo por la mañana estoy trabajando… Algo falla, ¿no? Porque si no voy, el banco me putea, pero si voy me putea el jefe dejándome un día sin cobrar… y si no cobro, no puedo pagar al banco. Quien inventara este sistema debe haber muerto con una trollface tatuada en la cara.
  • Nivel Engañoso/Hard: matrículas de colegios, institutos y demás centros educativos. Cuando vas a echar una matrícula [o preinscripción, según se mire] te dan un sobre en el que se supone que te dan todos los papeles que debes rellenar. ¡Cuidado, insensato!. Prepárate para una quest que ríete tú de las del World of Warcraft, ya que la ley de Murphy es inevitable: siempre que esperes tener todos los papeles listos, en la ventanilla te enterarás que te falta uno, el que a priori pueda ser más inútil, pero si no están todos tienes que volver a buscarlo y volver a hacer cola. Las ganas de matar aumentan con cada letra que rellenas de estos impresos.
  • Nivel Oficial/Destroyer: papeles que hay que entregar a organismos oficiales o delegaciones provinciales. Aquí empieza el mambo. Todo proceso empieza en la ventanilla de “información“, “información” por decir algo, porque por alguna razón que escapa a mi comprensión siempre acaban “informando” personas que poco o nada saben del lugar donde estás trabajando, salvo indicarte dónde está el mapa del edificio mientras te miran con cara de “me has hecho perder mi valioso tiempo de hacer sudokus en estirar mi dedo, sucio bastardo“. A continuación, más vale hacerte un buen mapa, porque te mandarán a cuarenta administrativos, ocho o nueve ventanas y más de una dirección contraria antes de llegar a tu destino. Eso sí, llegar a donde quieres llegar no garantiza la realización del trámite, pudiéndose repetir la ley de Murphy previamente mencionada, teniendo que volver otro día por no tener un puto papel de los cojones por duplicado gracias a una inepta que no sabe INFORMAR bien a la primera, como debería hacer por su trabajo
  • Nivel Hacienda/ÜberDestroyer: si has llegado aquí no te creas maestro 10º dan en papeleo, porque apenas has llegado a saber lo que es el terror, pequeño padawan. Hacienda, enemigo público número 1 y principal aliado del malvado dios Hipotek. Un papelito, una facturita, un aviso por correo que “no ha llegado por extravío” pueden ser detonantes de ataques de locura y crecimiento de la mala leche del ser humano. Para superar este trámite hay que seguir un riguroso entrenamiento físico, escribiendo 30 veces por minuto tu nombre en un papel cuadriculado sin salirte de las marcas para coger velocidad, y mental, consistente en realizar todas las tablas de multiplicar del 1 al 300 de memoria sin equivocarte una sola vez para calcular los porcentajes de no sé qué puñetas, fueraparte del emocional para no acordarte de todo el árbol genealógico del ordenador que ha calculado que debes devolver 2000 euros. Sólo los elegidos pueden sobrevivir.

La teoría de la evolución hace de las suyas una vez más: sólo sobreviven a la desesperación los más aptos. Y aquellos que queráis ser funcionarios, avisaros: hoy no es motivo de despido insultar al jefe, mañana la patada en los cojones será no sólo legalizada, sino un derecho constitucional.

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