Posts tagged: Océano de estrellas

Livin la vida Rodriguez

El “Rodríguez” no tiene una definición estricta en ninguna enciclopedia o diccionario. Según tengo constancia, ni la RAE tiene este concepto admitido; sin embargo, según definiciones no escritas, el “Rodríguez” es todo aquel hombre que se ocupa de su casa mientras la mujer no está. Sí, una definición que podríamos buscarle las tornas sexistas, pero estamos hablando de un fenómeno que surgió en los años 60, ¿qué esperábais?. Siempre me he considerado “un hombre moderno del siglo XXI“: sé cocinar, hacer la compra [parece que no, pero tiene su ciencia cuando tienes el presupuesto limitado], fregar, barrer, hacer camas, limpiar… Sí, cumplo totalmente la definición del auténtico “Rodríguez“.

Hacer tus cosas cuando tú quieres está bien, nadie te obliga a menos que tu madre te amenace escobilla del water en mano, pero cuando tú mismo te ves obligado a sobrevivir con una nevera penosa, un congelador donde perfectamente podrían estar las Reliquias de la Muerte y el presupuesto más ajustado que la faja de Falete, ¿a que la cosa cambia?. Y esto es así. Lo descubrí en Málaga, con 16 o 17 años, cuando fui a mi primer salón del manga: ya no recuerdo mis compras, pero sé que el Viernes casi me quedé sin un duro, y si no fuera por mis colegas [los cuales me estuvieron recordando mi mala cabeza durante varias semanas] hubiera tenido que tirar de mis reservas naturales más de lo debido. Sí, ahí entono el “mea culpa“.

Verano de 2004. Ya con 18 años, la cabeza un poco más asentada [y con menos pelo], los trámites para el largo viaje a Ucrania que deparaba a mis padres [ya os contaré otro día] se esclarecían. Tuve la siguiente conversación con mi madre:

– Hijo, ven, tenemos que hablar.

– Voooooooooooooooy… – as always

– Hijo, si no vienes inmediatamente te vas a llevar un josconcio que hasta tus nietos lo recordarán.

– Dime, madre. – mi madre siempre ha sabido ser muy convincente

– Ya tenemos cita para ir a Ucrania.

– ¿Sí?… estamos a 20 de Agosto, será para…

– El 22 de Diciembre tenemos que estar allí

– Dafuq????

– Volvemos el día 11 de Enero, no perdonan ni las navidades cristianas ni las ortodoxas.

Houston, tenemos un problema...

Houston, tenemos un problema…

Después de tener que recogerme la cara del suelo por el asombro, mi madre decidió que en esos apenas 4 meses me iba a convertir en todo un amo de casa. Costó sangre, sudor y yoyas, pero conseguí aprender todo lo que tenía que aprender.

Desde entonces, soy incapaz de comprender cómo aun puede haber hombres que se nieguen a pisar la cocina, tocar una escoba o salir a hacer la compra. ¡Si es muy divertido! Sólo diré que hasta que uno no emula a Tom Cruise en Risky Business, bailando con una escoba a ritmo de rock en calzoncillos, no puede decir que ha vivido; por no decir que si mamá no vigila… ¡NADIE IMPIDE HACER EL CAFRE EN EL CARREFOUR CON EL CARRITO! [salvo que te acompañe tu novia y su mano correctiva]. No es díficil hacer de comer más allá de meter una pizza en el horno, la escoba no tiene un manual de instrucciones en etrusco ni el detergente de la ropa es corrosivo, todo es poner un poco de voluntad. Además, pensad que haceros vuestras propias tareas quiere decir que se harán a vuestro modo, de la manera que os gusta, por lo que no tendréis que pelearemos más con vuestras madres porque no os gustan las lentejas aguadas, batalla que ya doy por perdida en mi casa aunque siempre planto guerra.

En fin, estimados varones heterosexuales en edad de procrear [y muchos en no tan edad de procrear], no huyáis a las tareas domésticas, no son un rollo, sólo tenéis que enfocarlas de forma que sean más divertidas [os lo dice alguien que hasta hace relativamente poco limpiaba el polvo con un pañuelo de Extremoduro anudado en la cabeza, hasta que mi cabeza superó en tamaño al pañuelo].

Periodismo, aquel sueño

Aquellos que me conozcan de hace años sabrán que antes de plantearme la informática en alguna de sus múltiples formas mi vocación iba inclinada al periodismo.  La idea romántica de saber qué pasaba de primera mano, ver el mundo real con mis propios ojos y, sobre todo, poder trasmitir lo que mi miope vista lograba abarcar. Os parecerá una tontería, pero aquellas ideas me llenaban de felicidad ante un futuro que apenas empezaba a abrirse ante mis ojos; sin embargo, el importante auge de la prensa rosa y algunos (¿malos?) consejos que recibí me hicieron plantearme mi sueño muy seriamente. ¿De verdad sería capaz de concretar todo aquello que el periodismo podría ofrecerme o me tendría que degradar a, micrófono en mano, perseguir al Pajares y al Pantojo? Finalmente, decidí inclinarme hacia la informática, el frío de las máquinas en contraste al calor de la gente. Si mi decisión fue o no la correcta nunca lo sabré.

Con los años, fue in crescendo mi afición por la información, y la posibilidad de consumir periódicos de forma digital, estar casi al instante informado de cada suceso del mundo me llenaban de satisfacción. A medida que leía informaciones de distintos diarios sobre la misma noticia, analizaba portadas [costumbre que adquirí gracias al extinto programa Caiga quien Caiga], veía cosas que en ciertos diarios se reflejaban y en otros no… ¿Por qué estas diferencias? ¿Por qué los héroes de un diario son los villanos del vecino? ¿Por qué La Razón ensalza unas medidas mientras Público las echa por tierra?

Nuevamente, los años dan experiencia. Nuestro sistema educativo, experto en sacarse de la manga asignaturas chorras para rellenar el cupo de horas, me brindó una asignatura hecha a mi medida: Medios de comunicación, asignatura que, en principio, estaba destinada sólo a estudiantes de letras, pero que ciertos ajustes en mi centro permitió a los niños de biológicas [like el menda] acceder a ella. Mi profesor de literatura, del cual ya hablé en otro post, era el encargado, y dejando de lado la mayor o menor utilidad de la asignatura, me permitió debatir de forma inteligente y natural con una persona cuya mentalidad me sorprendió de sobremanera: no podría inclinarla hacia la izquierda o la derecha, pero sí era una persona crítica que me dejó una frase que muchos asentirán: “Quien diga que lo de las dos Españas ya se ha acabado es que no tiene ni puta idea del país en el que vivimos“. Cuanta razón, don Antonio, cuanta razón…

Los grupos de comunicación, grupos de presión, fundaciones, sindicatos… Cada uno ha aportado un granito de arena a que el periodismo apeste. Ojo, en ningún momento critico a los que en alguna realidad alternativa podrían haber sido mis compañeros de profesión, pero la labor periodística en nuestro país es pésima. Ahora mismo está de moda el “despido” [cada uno que lo vea como quiera] de Ana Pastor, una periodista de Televisión Española conocida por sus preguntas directas, a veces hirientes y sin vaselina, todo por no bailar al son que le han dictado desde la cúpula, consistente en betún, un cepillo y un “¿limpio?” constante en la boca.

¿Por qué es tan difícil encontrar un medio en España que informe de lo que sucede, que señale con el dedo las injusticias sin querer barrer hacia su terreno político [que, normalmente, suele ser el que en ese momento les hayan dado las subvenciones o las licencias de cualquier cosa]? Señor, sólo quiero saber qué coño pasa en Madrid, a 521 km de mi casa, donde se decide mi futuro [o ausencia de él], ¿por qué nadie habla claro? No quiero insultar a ningún medio, ya que todos merecen el máximo respeto que siempre he guardado al periodismo, pero manipular una información para intereses personales/políticos/deportivos puede ser muy peligroso, riesgo que muchos informadores no son capaces de reconocer.

El periodismo antes molaba. Ahora en ocasiones pienso que hice lo mejor en no meterme en una trampa en la que habría acabado prostituyendo mis principios… pero en otras pienso, ¿podría haber sido yo el motor del cambio?

De la tierra

Hace tiempo leí en una viñeta de El Jueves una frase que es una verdad como un templo: “Para nosotros, lo nuestro es siempre mejor que lo de los demás“. Lo ilustraban con el fútbol y las competiciones entre selecciones, pero diariamente tenemos pruebas de esto.

Os daré una muestra: recientemente, hará unas dos semanas, se pasó por la tienda un comercial de una empresa nueva de Sevilla dedicada a juegos de entretenimiento, Daqora, que vino a presentarnos un nuevo juego de cartas, Épica. Lejos del spam gratuito para darle algo de bombo en Google, el juego en sí está bastante bien; nos presentaron la mecánica en plan Magic, y nos dieron una idea para que la gente, en teoría, nos lo quitara de las manos: son autores españoles y es un producto sevillano.

Personalmente me parece muy bien que el producto haya nacido en mi ciudad natal y que los autores sean patrios, no hay que irse muy lejos para encontrar gente con gran talento, pero para vender explotemos las cualidades técnicas y lúdicas del producto [las ilustraciones son muy buenas, y el modo de juego, aunque algo complejo a primera vista, no lo es tanto], no el “es que es de Sevilla“, porque si no ni Jesucristo lo compra.

No me quiero explayar mucho con este post porque no me voy a quejar de este juego, sino del uso del instinto patrio. Y como muestra un botón: desde hace un par de años aproximadamente [no recuerdo exactamente, lo siento], la editorial Glénat edita la “Línea Gaijin“, manga dibujado por autores españoles. No sé, la gente se volvió loca de un día para otro con estos comics [sobre todo cuando iban los autores a firmar, pero ese es otro tema], promocionándolos y dándoles bombo por el hecho de ser españoles. Yo no he leido ninguno, aunque tengo ganas de echarle un ojo a un par de tomos, así que no puedo discutir si son más o menos buenos, pero no sé… creo que un comic puede tener muchas virtudes y características que explotar que la nacionalidad de su autor, ¿no os parece?

En fin, no me estiro más. Me gustaría que me comentarais qué os parece el uso de argumento “es de la tierra” para vender un producto independientemente de su calidad. Antes de nada: el cine español no cuenta en esta encuesta, ya todos sabemos lo que nuestros impuestos… digoooo, nuestros cineastas nos traen a las pantallas de cine.

Viento

Llevo unos días enganchado a una serie llamada Air Gear. Para los profanos/no aficionados al manga os explico un poco de qué va: Itsuki “Ikki” Minami es un estudiante de secundaria que presume de ser el más fuerte de la ciudad. Un día, por azares del destino, comienza a practicar el deporte de moda, el “Air Treck“, una nueva forma de patinaje con unos “patines” especiales con un motor incorporado, lo que permite saltos y piruetas imposibles. Como imaginaréis, la historia poco a poco se va complicando y van entrando personajes de todo tipo en la vida de Ikki.

En cualquier buen manga que se precie, el desarrollo del personaje principal viene siempre dado por algún elemento que busque o que quiera proteger. En el caso de Ikki, el elemento que le mueve es el “viento“, la búsqueda de libertad en forma de “alas” que le permitan volar… y eso es justo lo que le da el Air Treck, la posibilidad de volar por los cielos a base de saltos. Parece un ideal sacado de cualquier relato aventurero del decimonónico, ¿no?

Hoy de camino al trabajo no tenía ganas de poner la radio y no era una mañana especialmente calurosa, así que iba con la ventanilla bajada. Mientras salía de Sevilla a través de una avenida de un par de kilómetros de longitud y donde casi nunca se cierran los semáforos sentía el viento jugando con la manga izquierda de mi camisa, despeinando mi [bastante poco abundante] pelo y azotándome en la cara dada la velocidad; ni al llegar a la autovía subí la ventana, tenía ganas de sentido el viento en la cara, y es una sensación que, por muy fresquito que se esté con el aire acondicionado, debemos sentir de vez en cuando para no olvidarla. Puede parece una tontería, pero ha sido una sensación difícil de explicar y difícil de justificar por qué me ha llenado hoy tanto, pero el caso es que me ha sentado estupendamente, un subidón de ánimo que creo que buscaré más a menudo.

Sí, el viento es inigualable, no debemos dejar de sentirlo. Maestro Oogure Ito, qué razón tienes en algunos diálogos de Air Gear.

El opio del pueblo

Siglo XIX, Alemania. Un simpático y barbudo bávaro presentó una serie de ideas revolucionarias en su momento y sin las cuales seguramente no podríamos entender nuestra historia más reciente, el comunismo moderno, una alternativa al capitalismo que tan ricos hacía a unos y tan pobres a otros. Una de sus teorías establecía que la Iglesia sólo era “el opio del pueblo“, una serie de dogmas y creencias que nos mantenían “alienados” mientras nuestros bisabuelos iban a las fábricas a trabajar sin protestar, cobrando una miseria y arriesgándose cada día a morir.

Hoy en día, si el señor Marx levantara la cabeza seguramente la volvería a hundir del susto. Efectivamente, para gran parte de la población el Iglesia ya no es ese “opio” que nos tenía “alienados” [como hoy diríamos, amamonaos], nos hemos librado de su “tiranía“… sólo para caer en más y más drogas que nos tienen en el mismo estado. Somos unos multitoxicómanos en potencia.

Recientemente se podía leer en los periódicos que se iban a despejar las calles de Barcelona de los llamados “indignados” para hacer limpieza y dejar la plaza libre para que los aficionados al FC Barcelona, club al cual felicito por su recientemente obtenida Copa de Europa, pudieran celebrar a gusto su nuevo título. El problema llegó cuando los “indignados“, con dos cojones, dijeron que no se quitaban, que se quedaban quietecitos sin armar escándalo: el señor alcalde de Barcelona decidió coger a los Mossos d´Esquadra [perdón a todos los catalanoparlantes si no lo he escrito bien, necesito clases…] y, en plan bulldozer, retirar a todos los acampados. Sí, fue una imagen muy bonita ver a un Mosso partiéndole la nariz a un manifestante indefenso en el suelo, o incluso atacando con la porra a uno en silla de ruedas [cosa perfectamente justificada, no sea que llamando a Kit la Silla Fantástica le atropelle y le mande por los aires]. ¿Tan importante es el fútbol para este alcalde, o era una excusa para que el populacho se calmase una noche a ver si se les pasaba el mosqueo?

Echando la vista atrás y discutiendo este mismo tema con amigos míos y clientes de esa tienda que tanto frecuento y cuya opinión compartimos, todo tiene un origen: Internet. No porque los activistas de este movimiento se hayan organizado por Internet, qué va… Hablo de cuando las primeras voces populares se levantaron, a raiz de la llamada “Ley Sinde“. Por triste que parezca, ver cada semana Cómo conocí a vuestra madre ha tenido el poder de movilización popular que no tiene una crisis, tócate los cojones.

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Cine per totes: El último exorcismo y El sicario de Dios

Ir al cine no es algo que todo el mundo se pueda permitir, ya que los precios no son precisamente asequibles; sin embargo, un día es un día, y de vez en cuando te puedes dar el lujo de ir una vez en semana no, sino hasta dos veces… eso sí, a costa de no volver en una temporada xD. Las dos películas que tuve el “gusto” de ver esta semana pasada fueron “El último exorcismo” y “El sicario de Dios“. Las comentaré aparte, porque son para echarles de comer aparte a cada una:

La primera “película” que vi, el Viernes, fue “El último exorcismo“. Se eligió esta película debido a que “El sicario de Dios” lo vio una de las parejas que íbamos [éramos 4 en total] y “Thor” la vimos mi novia y yo a mediados de mes, así que no pensábamos repetir película. Tras una larga discusión en la que los hombres llegamos a proponer “Piratas del Caribe 4“, finalmente optamos por esta “película“, que era la que le gustaba a las niñas [sí, claramente les echo la culpa a ellas de haber entrado ahí] y que menos discusión iba a crear. Y hablo siempre de “película” porque no hay palabra que defina correctamente ese MALDITO Y JODIDO BODRIO DE LOS COJONES. Diría que con esta definición me quedo corto, pero sé que hay menores de edad leyendo estas líneas y tengo que ser sobrio y cometido… pero joder, es imposible hacer una cosa peor que este maldito trozo de bazofia cinematográfica.

El argumento nos cuenta la historia de Connor, un párroco-showman de una iglesia de un pequeño pueblo de Estados Unidos. Le educaron desde joven para dar sermones al más puro estilo iglesia gospel, dando espectáculo y usando su carisma para atraer al público. A partir de cierto incidente traumático se da cuenta de falta de fé, y decide dejar la profesión; sin embargo, como colofón final a su carrera, desea desenmascarar a los “exorcistas” de la Iglesia [el padre de Connor también fue “exorcista“] mediante un documental, que es la película que estamos viendo. Acompañado de la reportera Iris y su cámara Louis, Connor acudirá a una granja perdida de la mano de Dios a realizarle un exorcismo a una muchacha cuyo padre pide su ayuda. Cuando llegan a la granja, las cosas son cada vez más raras y nada es lo que parece…

Y hasta aquí contaré. Si queréis ver la película allá vosotros, pero os recomiendo no gastaros ni un duro en verla. Podría analizar el metraje, la fotografía, el ritmo de la acción, la caracterización de los personajes… ¡pero es que todo en esta cinta es una maldita mierda!. Desde el principio hasta el final es un auténtico despropósito, con algunas partes en las que puedes reirte de las payasadas de Connor, pero nada más. El comentario general de la sala al salir por la puerta fue un “vaya mierda, que me devuelvan mi dinero“, y es que la película no tiene pies ni cabeza; veréis, entiendo que quieran crear un cierto dilema a lo largo de la película, hacer dudar entre si lo que estamos viendo es real o no, es un interesante recurso narrativo… pero por favor, al menos en el final intentad explicar algo, que los tres últimos minutos de la “película” es un ejemplo de cómo NO debe terminar un largometraje.

Vamos, la típica película que sólo querréis ver con los colegas con una buena jarra de “bebida espirituosa” a mano [porque si no no tendréis alma de tragaros esto].

La película del Sábado fue “El sicario de Dios“, película que vi a solas con mi señora. Esto sí es una película.

La historia nos pone en la piel de Ivan Isaacs, un “Sacerdote” que participó en las Guerras Vampíricas. Los “Sacerdotes” eran guerreros con poderes sobrenaturales capaces de luchar contra los vampiros, criaturas monstruosas que poco tienen que ver con el aristocrático Drácula que nos presentaba Bram Stoker, y que estaban diezmando a la población de humanos del mundo. Ivan recibe un mensaje de que su hermano fue atacado en su casa del desierto, muriendo la mujer de éste y siendo su hija secuestrada; Hicks, el mensajero, sheriff de un poblado cercano, se unirá al “Sacerdote” para rescatar a la chica antes de que sea tarde. Por el camino, veremos un mundo parcialmente dominado por la Iglesia que se opone a que el “Sacerdote” vuelva a la actividad y unos vampiros más listos de lo que los humanos pensaban…

Esta película está basada en el cómic Priest, una obra del coreano Hyung Min-woo que actualmente publica Norma Editorial. Si bien no es una adaptación del cómic original, sí nos ofrece una ambientación similar [al menos con lo poco que he leido], y una historia que promete continuación… o continuaciones a juicio del final de la película.

Lo primero que me llamó la atención fue el ambiente de Unión Soviética estalinista de Ciudad Catedral, el primer escenario que nos ofrece la película, una ciudad oscura llena de consignas y con un ambiente triste y desolado; sin duda, si la URSS hubiera sido católica nos encontraríamos esto [o si nos gobernaran ciertos partidos promocionados por ciertos medios de comunicación]. Los demás escenarios son desiertos, bunkers y tierras desoladas por los vampiros, propios de cualquier escena post-apocalíptica. El mejor escenario para irse de copas con los amigos.

No he entrado especialmente en detalles en las películas, ya que no quiero destriparoslas, una para que la veais y otra para ahorraros morir de un ataque de caspa. Si queréis entrar en alguna discusión, podemos hacerlo a través de comentarios en este mismo post.

Disfrutad, sed felices e id al cine a ver las películas que merezcan la pena, sólo si vais en buena compañía y tenéis algún plan alternativo [quién me ha visto y quién me ve…].

El papeleo, tu gran amigo

El papeleo. Esa palabra que siempre sonaba como algo “de mayores“. Ver a papá hablando de “papeleo” en épocas de rellenar la declaración de la renta mientras mamá se tira de los pelos porque no aparece X papel [este año me ha tocado hacer la mía y me siento troleado] es una estampa entrañable en nuestras infantiles e inocentes mentes… Pero todo cambia cuando eres TÚ quien se enfrenta a LOS PAPELES. Malditos papeles, añado.

Desde que tengo aproximadamente 13 años me ha tocado hacer casi todas mis gestiones yo mismo, o al menos las que yo podía hacer siendo menor de edad. Muchos amigos de clase que iban con sus padres al lado se extrañaban de verme solo en la cola para echar la matrícula del colegio, con mis chorrocientos papeles rellenos [la mitad por mí] y todo listo para entregarlos a la monja directora, que por enésimo año consecutivo me decía que mis padres se tenían que apuntar al APA por huevos [a lo que yo, cordial y figuradamente, le remitía la opinión de mis padres en forma de enorme corte de mangas]. ¿Pereza de mis padres o ganas de no soltarle a la monja una guarrería? ¿Ganas de que me busque yo la vida? Ni pajolera idea, pero con el tiempo me he acostumbrado a tratar con todo tipo de fauna administrativa, cosa que ahora agradezco.

Por definición, según la RAE, el papeleo es “la acción o efecto de papelear, resolver papeles“, o “exceso de trámites en la resolución de un asunto. Si fuera la Wikipedia añadiría una tercera acepción: “putada inmensa creada por alguien con más mala leche que Saddam con un ataque de hemorroides“. Ahora en serio, ¿por qué es necesario complicar tanto algo que si se hace bien puede ser muy simple? ¿Ganas de joder o de talar árboles?

Hay muchos tipos de papeleo, algunos más graciosos que otros, pero yo los clasifico en varios niveles:

  • Nivel Paradójico/Medium: son los papeles que tienes que echar en el banco. Un banco abre, aproximadamente, de 9 de la mañana a 2 de la tarde. Sí, el horario mola y sólo hay que madrugar… si no trabajas, claro está. Si a mí el banco me dice que hay un recibo que tengo que ir a pagar, que sólo puedo hacerlo por la mañana y yo por la mañana estoy trabajando… Algo falla, ¿no? Porque si no voy, el banco me putea, pero si voy me putea el jefe dejándome un día sin cobrar… y si no cobro, no puedo pagar al banco. Quien inventara este sistema debe haber muerto con una trollface tatuada en la cara.
  • Nivel Engañoso/Hard: matrículas de colegios, institutos y demás centros educativos. Cuando vas a echar una matrícula [o preinscripción, según se mire] te dan un sobre en el que se supone que te dan todos los papeles que debes rellenar. ¡Cuidado, insensato!. Prepárate para una quest que ríete tú de las del World of Warcraft, ya que la ley de Murphy es inevitable: siempre que esperes tener todos los papeles listos, en la ventanilla te enterarás que te falta uno, el que a priori pueda ser más inútil, pero si no están todos tienes que volver a buscarlo y volver a hacer cola. Las ganas de matar aumentan con cada letra que rellenas de estos impresos.
  • Nivel Oficial/Destroyer: papeles que hay que entregar a organismos oficiales o delegaciones provinciales. Aquí empieza el mambo. Todo proceso empieza en la ventanilla de “información“, “información” por decir algo, porque por alguna razón que escapa a mi comprensión siempre acaban “informando” personas que poco o nada saben del lugar donde estás trabajando, salvo indicarte dónde está el mapa del edificio mientras te miran con cara de “me has hecho perder mi valioso tiempo de hacer sudokus en estirar mi dedo, sucio bastardo“. A continuación, más vale hacerte un buen mapa, porque te mandarán a cuarenta administrativos, ocho o nueve ventanas y más de una dirección contraria antes de llegar a tu destino. Eso sí, llegar a donde quieres llegar no garantiza la realización del trámite, pudiéndose repetir la ley de Murphy previamente mencionada, teniendo que volver otro día por no tener un puto papel de los cojones por duplicado gracias a una inepta que no sabe INFORMAR bien a la primera, como debería hacer por su trabajo
  • Nivel Hacienda/ÜberDestroyer: si has llegado aquí no te creas maestro 10º dan en papeleo, porque apenas has llegado a saber lo que es el terror, pequeño padawan. Hacienda, enemigo público número 1 y principal aliado del malvado dios Hipotek. Un papelito, una facturita, un aviso por correo que “no ha llegado por extravío” pueden ser detonantes de ataques de locura y crecimiento de la mala leche del ser humano. Para superar este trámite hay que seguir un riguroso entrenamiento físico, escribiendo 30 veces por minuto tu nombre en un papel cuadriculado sin salirte de las marcas para coger velocidad, y mental, consistente en realizar todas las tablas de multiplicar del 1 al 300 de memoria sin equivocarte una sola vez para calcular los porcentajes de no sé qué puñetas, fueraparte del emocional para no acordarte de todo el árbol genealógico del ordenador que ha calculado que debes devolver 2000 euros. Sólo los elegidos pueden sobrevivir.

La teoría de la evolución hace de las suyas una vez más: sólo sobreviven a la desesperación los más aptos. Y aquellos que queráis ser funcionarios, avisaros: hoy no es motivo de despido insultar al jefe, mañana la patada en los cojones será no sólo legalizada, sino un derecho constitucional.

Historias para no dormir: el suicidio de Calamardo

Visitando el Tuenti de una amiga, @iMiamca, Mimi para los amigüitos, comentaba que llevaba unos días sin dormir bien a raíz de una historia que leyó una o dos noches antes, “El Suicidio de Calamardo“. Al principio hice las consabidas bromas, pensando que no era para tanto, pero después de un par de días aun con la historia decidí leerla igual que hice con el relato de Blindmaiden.

Igual que el relato anteriormente citado, no soy creyente de este tipo de leyendas e historias, si bien es verdad que al leerla me ha dejado el cuerpo bastante cortado y he entendido por qué la pobre Mimi se ha quedado impresionada. Curiosamente las películas de terror me aburren soberanamente, pero este tipo de relatos, al ser un tanto más imprevisibles y no recurrir al susto fácil, consiguen esa sensación que en videojuegos sólo consigue provocarte la saga Silent Hill, un miedo que sabes que no tiene por qué estar ahí, pero lo está.

Os dejo el relato tal y como lo leí en Taringa. Aviso, no he visto el vídeo del final, así que no puedo deciros qué hay en él. Otro día os pondré un relato que también he leido hoy, pero reconozco que éste es el que más merece la pena poner.

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XII Salón del Manga de Jerez

Apenas ha pasado una semana desde que volví del XII Salón del Manga de Jerez, uno de los eventos manga más grandes de España, y aun sigo escoñao. Normal, la gente que pasó por allí perfectamente podía contarse por miles… o más aun. Quizás me saltaré muchas cosas, como las proyecciones, las charlas, los talleres… ¿pero qué queréis, si sólo salía del stand para ir al Carrefour a comprar y al cuarto de baño? xD. Hoy tengo ganas de soltar un ladrillito, así que aun estáis a tiempo de cerrar el navegador. ¿Os quedáis? Vale, no digáis que no avisé…

Ese fin de semana sabía que iba a morir: en primer lugar, porque el Miércoles de esa semana me tocó pegarme un viaje relámpago a Madrid a entregar unas cosillas a mi jefe, ya que la mensajería tenía que meter el gambazo. Unos 1040 km aproximadamente en 5 horas de AVE. Yes, empezamos bien, MUY BIEN. Por supuesto, al regresar a Sevilla me fui a la tienda a terminar de empaquetar las cosas, un par de horitas más en las que ya no sabía si era Alan o un colibrí.

Al día siguiente, tras mis seis horas de sueño [que se me hicieron extremadamente cortas], me fui a recoger por la mañana la furgoneta para cargarla, un par de horas aproximadamente de reventarse los brazos cargando cajas de manga y tirar para Jerez como alma que lleva el diablo, ya que no tenía mucho tiempo que perder, más abajo entenderéis por qué… El caso es que al llegar, obviamente con mi monstruofurgoneta de 16 metros cúbidos, tuve que hacer malabares para poder acercarme ligeramente a mi stand; todo esto dejando de lado que cierta tienda de complementos góticos me pegó un adelantón y no lo maté de milagro. Señor de Talismán [sí, aquí sí doy nombres porque es algo que me tocó la moral hasta puntos pirómanos e incendiarios], la próxima vez que intente adelantar a una furgoneta como cinco veces más grande que su coche tenga en cuenta que algunos no tendrán inconveniente en aplastarle, piénselo.

Tras unas cuantas horas bajando cosas y montando, me tocó echar la vista atrás… la vista, la furgoneta y todo mi ser en general, ya que me tocó volver nuevamente a Sevilla. ¿Se me olvidó algo? ¡No, para variar no! Volví a por las cosas de la asociación NG Andalucía, asociación centrada en los videojuegos y de la cual fui socio durante muchos años; aunque me fui, aun conservo allí muchos amigos y gente con la que hay hamor mutuo. Después de mamarme un atasco bastante curioso a la entrada de Sevilla, llegué a su almacén, donde un ejército de espaldas mojadas… digoooooo, de SOCIOS me estaban esperando para cargar la furgoneta en apenas media hora. Sí señor, eso es eficacia y no la de los esclavos egipcios construyendo las pirámides. Paseito a la tienda, compra de cena y a correr a Jerez nuevamente mientras degustaba el siguiente menú, imprescindible en cualquier viaje de evento:

  • Sandwich de Opencor, mejor cuanta más pringue tenga [que suelen ser casi todos]
  • Chocolatina. Twix, Mars y Lion tienen la capacidad de introducirse entre tus dientes y asegurarte horas de diversión para sacar los restos con la lengua
  • Coca Cola Light, hay que darle un poco de cafeina al cuerpo y hay que bajar los sólidos
  • Red Bull Shot. No me gusta el sabor del Red Bull, aunque en esas dosis sí lo aguanto, y la verdad es que es efectivo [ojo, el Red Bull no sustituye una noche de descanso, tomadlo en cuenta].

Como imaginaréis, nada más llegar al hostal me tiré en la cama con los vaqueros puestos y todo a dormir. A fin de cuentas, en dos días me había metido 1400 km en el cuerpo.

Hasta ahí el presalón, creo que la parte en la que más voy a explayarme, dado que suele ser la parte que nadie suele darle la debida importancia. Lo que es el salón en sí fue extraño: vino menos gente que el año pasado, ya que hasta había sitio para sentarse, pero sí es verdad que en general se dejaban más dinero. Este hecho se notó especialmente el Viernes, que cayó la de Jesucristo Superstar, y si bien es verdad que la gente se mojó [literamente] a venir, es verdad que eso no era un Viernes de Jerez despejado. Otra cosa que me molestó bastante es la cantidad de material chinaco que había en el evento, ya no sólo por las ventas que perdíamos en mi stand, sino porque la gente a veces no tiene ni idea de qué compra y piensa que las dos [quizás tres, pero no ando muy seguro] que llevábamos material bueno quedábamos de careros. La calidad se paga, hamijos míos, espero que esta Miku que os comprasteis en la tienda “superbarata” no esté besando el suelo el mes que viene cuando se doblen las piernas por los tobillos o no tengáis que sacar el Loctite para pegar una coleta que se os ha caido sólo por mirarla.

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Aquellos maravillosos años: los 18

Según marca la legislación española, un individuo es considerado mayor de edad a partir de los 18 años. ¿Por qué 18? Ni idea, pero alguna edad había que poner, ¿no?. Llevo unos días con ganas de hacer algún post autobiográfico, como los que escribía dando la brasa, y quiero comenzar rememorando los 18 años, una edad en la que crees que te vas a comer la vida, y te terminas comiendo un mojón.

Recuerdo medianamente mis 18 años. El 8 de Marzo de 2004, cuando apagué las velas de una tarta de yema que me compraron mis padres, pronuncié aquella frase que todos pensamos mientras somos menores, que es “ahora que soy mayor de edad puedo hacer lo que me dé la gana“… hasta que mi padre contraatacó con la frase que marcó mi recién estrenada mayoría de edad: “Hijo mío, ahora tienes 18 años, pero sigues siendo tan mierda y tan capullo como si tuvieras 17“. Sí, es mi padre y me quiere. Puro hamor, empezamos bien.

18 añitos, fiera, es hora de dejar el Bachillerato en el que me tiré dos años, y el paso previo es la Selectividad, puesto que mi objetivo por aquella época era la facultad de Informática de Sevilla, la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática, ETSII para los amigos. Por alguna extraña razón que aun desconozco conseguí aprobar todo, incluido la Literatura, la asignatura coco del colegio, y Francés, mi némesis personal [y eso que Mari Luz, mi profesora de aquella época, hizo todo lo posible por ayudarme, pero era un caso imposible]; el resto de asignaturas, pues ahí andábamos, con resultados dispares pero siempre aprobando. Llegamos a la hora de la verdad, Selectividad en Junio [encima en Sevilla, en un Verano más caluroso que lo normal].

Selectividad, hay que confesarlo, es una tanda de exámenes bastante fácil siempre y cuando se haya estudiado. Todos íbamos con el miedo no sólo de jugarse el futuro a una carta, sino de “si en hemos aprobado los últimos exámenes a duras penas, aquí nos cagamos“. Pues para nada: ya se encargaron de apretarnos las tuercas lo suficiente como para perder el miedo ante la hoja. Eso sí, estudiar e ir aprobando con holgura es condición necesaria para aprobar, si no… que Odín te coja confesado. Mis resultados… pues aprobé todo salvo una. No, no catee Literatura, que es la que más de uno habrá pensado, sino la que nunca esperé suspender: Historia, de las pocas que estudiaba por que me gustaban; suspendí, sí, igual que TODOS los que nos examinamos de Historia. Cosas de la vida, Filosofía, esa de la que la gente huía como de un inspector de la SGAE, aprobó todo el mundo con un examen bastante fácil. Por supuesto, cuando fuimos por las notas mi profesora de Historia no quería ni mirarnos por no escupirnos en la cara ^^U

Avanzaremos en el tiempo tres meses, llenos de papeles, matrículas, petición de becas que me denegaron una tras otra… Sí, ahí estaba, me esperaba la gloriosa facultad de informática de Sevilla, me iba a comer el mundo y convertirme en un gran informático en un ambiente de estudio y que me sacaría estudiando y esforzándome… Vida, eres una hija de puta. Resumiré un poco, ya que tela este año: Física era como leer chino, y en el primer cuatrimestre no aprobé ni una. Sí, estudié y aun así me dejaron el cacas. Bien, BIBA.

Aparte, fui tan inteligente que me quise matricular en Japonés I pensando que podría con todo. Sí, es una asignatura de libre configuración que estudié con pasión y dedicación… pero aun así, terminó bastante mal, ya que por intentar estudiarlo todo no aprendí nada. Sobre todo, quiero hablar de mi profesora, Miyako-sensei, la mayor fan del jamón ibérico que he conocido nunca. Las clases se nos hacían muy amenas, ya que era una persona con un gran sentido del humor y que aprovechaba muchos chistes que hacía para enseñarnos reglas memotécnicas para muchas reglas gramaticales, y especialmente para los kanjis, los 50 hijos de puta que ponían a prueba nuestras memorias necesarias para aprobar. Días como cuando nos llamó “hentai“, y cuando practicábamos el silabario y tocaba repetir tres veces seguidas la sílaba “cho” son de esos que aun permanecen en nuestra memoria. Lástima haberle perdido la pista completamente, esa mujer me encantaba.

Socialmente hablando, porque no todo son castañazos en los estudios, pues poca cosa. Hice mis amigos en la facultad, los cuales a día de hoy me sigo encontrando por la calle y me alegro hablar con ellos, mientras mantuve el contacto con muchos que aun hoy sigo encontrándome en los ambientes que frecuento [los salones del manga, malpensados]. En cierto modo quizás los 18 me sentaran bien, ya que empecé a dejar la extrema timidez que tenía desde chico a convertirme en el caradura que hoy me enorgullezco de ser; quién sabe de dónde vendrá esa metamorfosis, pero un año después bien que agradecí esa falta de vergüenza que muchos me reprochan hoy.

Bueno, supongo que ya os habré dado el tostón demasiado con mi vida. Dentro de todo lo malo también ocurrieron cosas buenas… pero quizás lo deje para otro post :P. Espero que este post os ayude a conocerme un poco mejor.

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