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Aquellos maravillosos años: los 18

Según marca la legislación española, un individuo es considerado mayor de edad a partir de los 18 años. ¿Por qué 18? Ni idea, pero alguna edad había que poner, ¿no?. Llevo unos días con ganas de hacer algún post autobiográfico, como los que escribía dando la brasa, y quiero comenzar rememorando los 18 años, una edad en la que crees que te vas a comer la vida, y te terminas comiendo un mojón.

Recuerdo medianamente mis 18 años. El 8 de Marzo de 2004, cuando apagué las velas de una tarta de yema que me compraron mis padres, pronuncié aquella frase que todos pensamos mientras somos menores, que es “ahora que soy mayor de edad puedo hacer lo que me dé la gana“… hasta que mi padre contraatacó con la frase que marcó mi recién estrenada mayoría de edad: “Hijo mío, ahora tienes 18 años, pero sigues siendo tan mierda y tan capullo como si tuvieras 17“. Sí, es mi padre y me quiere. Puro hamor, empezamos bien.

18 añitos, fiera, es hora de dejar el Bachillerato en el que me tiré dos años, y el paso previo es la Selectividad, puesto que mi objetivo por aquella época era la facultad de Informática de Sevilla, la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática, ETSII para los amigos. Por alguna extraña razón que aun desconozco conseguí aprobar todo, incluido la Literatura, la asignatura coco del colegio, y Francés, mi némesis personal [y eso que Mari Luz, mi profesora de aquella época, hizo todo lo posible por ayudarme, pero era un caso imposible]; el resto de asignaturas, pues ahí andábamos, con resultados dispares pero siempre aprobando. Llegamos a la hora de la verdad, Selectividad en Junio [encima en Sevilla, en un Verano más caluroso que lo normal].

Selectividad, hay que confesarlo, es una tanda de exámenes bastante fácil siempre y cuando se haya estudiado. Todos íbamos con el miedo no sólo de jugarse el futuro a una carta, sino de “si en hemos aprobado los últimos exámenes a duras penas, aquí nos cagamos“. Pues para nada: ya se encargaron de apretarnos las tuercas lo suficiente como para perder el miedo ante la hoja. Eso sí, estudiar e ir aprobando con holgura es condición necesaria para aprobar, si no… que Odín te coja confesado. Mis resultados… pues aprobé todo salvo una. No, no catee Literatura, que es la que más de uno habrá pensado, sino la que nunca esperé suspender: Historia, de las pocas que estudiaba por que me gustaban; suspendí, sí, igual que TODOS los que nos examinamos de Historia. Cosas de la vida, Filosofía, esa de la que la gente huía como de un inspector de la SGAE, aprobó todo el mundo con un examen bastante fácil. Por supuesto, cuando fuimos por las notas mi profesora de Historia no quería ni mirarnos por no escupirnos en la cara ^^U

Avanzaremos en el tiempo tres meses, llenos de papeles, matrículas, petición de becas que me denegaron una tras otra… Sí, ahí estaba, me esperaba la gloriosa facultad de informática de Sevilla, me iba a comer el mundo y convertirme en un gran informático en un ambiente de estudio y que me sacaría estudiando y esforzándome… Vida, eres una hija de puta. Resumiré un poco, ya que tela este año: Física era como leer chino, y en el primer cuatrimestre no aprobé ni una. Sí, estudié y aun así me dejaron el cacas. Bien, BIBA.

Aparte, fui tan inteligente que me quise matricular en Japonés I pensando que podría con todo. Sí, es una asignatura de libre configuración que estudié con pasión y dedicación… pero aun así, terminó bastante mal, ya que por intentar estudiarlo todo no aprendí nada. Sobre todo, quiero hablar de mi profesora, Miyako-sensei, la mayor fan del jamón ibérico que he conocido nunca. Las clases se nos hacían muy amenas, ya que era una persona con un gran sentido del humor y que aprovechaba muchos chistes que hacía para enseñarnos reglas memotécnicas para muchas reglas gramaticales, y especialmente para los kanjis, los 50 hijos de puta que ponían a prueba nuestras memorias necesarias para aprobar. Días como cuando nos llamó “hentai“, y cuando practicábamos el silabario y tocaba repetir tres veces seguidas la sílaba “cho” son de esos que aun permanecen en nuestra memoria. Lástima haberle perdido la pista completamente, esa mujer me encantaba.

Socialmente hablando, porque no todo son castañazos en los estudios, pues poca cosa. Hice mis amigos en la facultad, los cuales a día de hoy me sigo encontrando por la calle y me alegro hablar con ellos, mientras mantuve el contacto con muchos que aun hoy sigo encontrándome en los ambientes que frecuento [los salones del manga, malpensados]. En cierto modo quizás los 18 me sentaran bien, ya que empecé a dejar la extrema timidez que tenía desde chico a convertirme en el caradura que hoy me enorgullezco de ser; quién sabe de dónde vendrá esa metamorfosis, pero un año después bien que agradecí esa falta de vergüenza que muchos me reprochan hoy.

Bueno, supongo que ya os habré dado el tostón demasiado con mi vida. Dentro de todo lo malo también ocurrieron cosas buenas… pero quizás lo deje para otro post :P. Espero que este post os ayude a conocerme un poco mejor.

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