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Nos la agarramos con papel de fumar

Este título tan cómico a primera vista es una expresión que suele usar mucho mi padre para hablar de lo remilgados que nos estamos volviendo con los años. Está claro que a medida que la sociedad avanza y “progresa” se vuelve más cómoda y reflexiva y piensa más en el mundo que le rodea, o al menos ésta era la teoría de mi profesor de filosofía sobre el nacimiento de su fuente de vida.

Si alguno de mis lectores es del año 75 en adelante seguro habréis escuchado a vuestros abuelos del hambre que se pasó durante la guerra y la postguerra, y muchos de vuestros padres habrán comentado que también lo han pasado muy mal por determinadas circunstancias. Está claro que ningún padre quiere que su hijo pase ninguna necesidad, es un instinto muy arraigado en nosotros… ¿Pero no nos estamos pasando?

Las últimas “técnicas psicológicas aplicadas a la educación infantil” nos dicen que si echamos una bronca o le pegamos a un niño de cualquier manera “podría traumatizarse. Lo que nadie me ha contado es, ¿qué tipo de trauma? Si de siempre se ha dado un cate a un niño chico que no se porta bien y no acaban en un psiquiátrico, ¿qué ha cambiado ahora? Incluso hoy algunos padres siguen dando más de un guantazo y ni son malos padres ni convierten al hijo en un delincuente. A mí nunca ha hecho falta arrearme, si bien es cierto que un par de veces me la he ganado, y aun no he pisado la carcel, fumo cosas raras ni me dedico a ser un maltratador en potencia… al menos que yo sepa, porque puede que mis traumas me hayan convertido en un psicópata que no se acuerda de lo que hace…

El problema de estos “traumas” son cosas como las que lees en Asco de Vida, donde un niño se dedicaba a tirarle piedrecitas a un hombre en silla de ruedas mientras la madre se descojonaba. Lejos de la veracidad o no de estas historias, no es la primera vez que cosas como esta ocurren: niños que se dedican a hacer el cafre a su antojo mientras sus padres se dedican a “vivir la vida“. Ahora no impera inculcar a los niños la disciplina, sino permitirles todo “para que no se traumaticen”. Claro, luego nos asustamos cuando vemos a los “NI-NI” por la tele o las noticias sobre el porcentaje de chavales que dejan el instituto por irse a una obra a currar… o directamente no van porque el día anterior estuvieron de fiesta y la resaca es sagrada. Esta viñeta, sin duda, es la mar de ilustrativa.

Sin embargo, no hablo sólo de nuestros estudiantes, tema recurrente de muchas conversaciones de señoras salidas de Facebook. Otro colectivo con el que “nos la agarramos con papel de fumar” son las llamadas “minorías sociales“. ¿Por qué a un gitano no puedo llamarle “gitano“? ¿Por qué a un negro no puedo llamarle “negro“, sino “persona de color” o demás mierdas lingüisticas? Pues porque “se pueden sentir ofendidos”, y no es plan de “generar conflictos”. Vamos a ver, a mí que no me jodan: un gitano, de siempre ha sido, es y será un GITANO, y por más vueltas que intentemos darle y muy diplomáticos que queramos ser es un hecho imposible de cambiar. Pero nada, tenemos siempre que ser muy recatados, finos y tolerantes todos…

Sin embargo, lo que más me repatea son los guardacoches, llamados cariñosamente en Sevillagorrillas” o “piojosos“. Recientemente, en Sevilla se aprobó una normativa que prohibía a los gorrillas, bajo multa de 120 euros. Los mismos gorrillas se ríen de esa norma, ya que la mayoría son insolventes y/o viven en la calle por causas derivadas de la droga, y la policía se ve impotente para eliminar esta lacra. ¿Lacra por qué?. Porque no sé vosotros, pero yo no consiento que me venga un guarro a exigirme un euro por aparcar en una avenida tal como es República Argentina justo a partir de las 20:01 de la tarde que se acaba el horario de zona azul; o sea, terminan unos chorizos de robarme y ahora vienen otros por la cara. Sobre estos “amigos” hablaré otro día largo y tendido, porque la historia de los “pobres marginados sociales” que aparcan coches bajo amenaza es tremenda.

En fin, con todo este rollo quiero decir que a las cosas hay que llamarlas por su nombre, y que si alguien realiza una acción mala o fuera de la ley o la educación hay que corregirla. ¿”Traumas“? ¿”Exclusión“? ¿”Xenofobia“? En dos palabras: MIS COJONES.

Menos traumas y más educación. Menos excusas y más igualdad. Menos tonterías y más justicia.

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