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Cine per totes: El último exorcismo y El sicario de Dios

Ir al cine no es algo que todo el mundo se pueda permitir, ya que los precios no son precisamente asequibles; sin embargo, un día es un día, y de vez en cuando te puedes dar el lujo de ir una vez en semana no, sino hasta dos veces… eso sí, a costa de no volver en una temporada xD. Las dos películas que tuve el “gusto” de ver esta semana pasada fueron “El último exorcismo” y “El sicario de Dios“. Las comentaré aparte, porque son para echarles de comer aparte a cada una:

La primera “película” que vi, el Viernes, fue “El último exorcismo“. Se eligió esta película debido a que “El sicario de Dios” lo vio una de las parejas que íbamos [éramos 4 en total] y “Thor” la vimos mi novia y yo a mediados de mes, así que no pensábamos repetir película. Tras una larga discusión en la que los hombres llegamos a proponer “Piratas del Caribe 4“, finalmente optamos por esta “película“, que era la que le gustaba a las niñas [sí, claramente les echo la culpa a ellas de haber entrado ahí] y que menos discusión iba a crear. Y hablo siempre de “película” porque no hay palabra que defina correctamente ese MALDITO Y JODIDO BODRIO DE LOS COJONES. Diría que con esta definición me quedo corto, pero sé que hay menores de edad leyendo estas líneas y tengo que ser sobrio y cometido… pero joder, es imposible hacer una cosa peor que este maldito trozo de bazofia cinematográfica.

El argumento nos cuenta la historia de Connor, un párroco-showman de una iglesia de un pequeño pueblo de Estados Unidos. Le educaron desde joven para dar sermones al más puro estilo iglesia gospel, dando espectáculo y usando su carisma para atraer al público. A partir de cierto incidente traumático se da cuenta de falta de fé, y decide dejar la profesión; sin embargo, como colofón final a su carrera, desea desenmascarar a los “exorcistas” de la Iglesia [el padre de Connor también fue “exorcista“] mediante un documental, que es la película que estamos viendo. Acompañado de la reportera Iris y su cámara Louis, Connor acudirá a una granja perdida de la mano de Dios a realizarle un exorcismo a una muchacha cuyo padre pide su ayuda. Cuando llegan a la granja, las cosas son cada vez más raras y nada es lo que parece…

Y hasta aquí contaré. Si queréis ver la película allá vosotros, pero os recomiendo no gastaros ni un duro en verla. Podría analizar el metraje, la fotografía, el ritmo de la acción, la caracterización de los personajes… ¡pero es que todo en esta cinta es una maldita mierda!. Desde el principio hasta el final es un auténtico despropósito, con algunas partes en las que puedes reirte de las payasadas de Connor, pero nada más. El comentario general de la sala al salir por la puerta fue un “vaya mierda, que me devuelvan mi dinero“, y es que la película no tiene pies ni cabeza; veréis, entiendo que quieran crear un cierto dilema a lo largo de la película, hacer dudar entre si lo que estamos viendo es real o no, es un interesante recurso narrativo… pero por favor, al menos en el final intentad explicar algo, que los tres últimos minutos de la “película” es un ejemplo de cómo NO debe terminar un largometraje.

Vamos, la típica película que sólo querréis ver con los colegas con una buena jarra de “bebida espirituosa” a mano [porque si no no tendréis alma de tragaros esto].

La película del Sábado fue “El sicario de Dios“, película que vi a solas con mi señora. Esto sí es una película.

La historia nos pone en la piel de Ivan Isaacs, un “Sacerdote” que participó en las Guerras Vampíricas. Los “Sacerdotes” eran guerreros con poderes sobrenaturales capaces de luchar contra los vampiros, criaturas monstruosas que poco tienen que ver con el aristocrático Drácula que nos presentaba Bram Stoker, y que estaban diezmando a la población de humanos del mundo. Ivan recibe un mensaje de que su hermano fue atacado en su casa del desierto, muriendo la mujer de éste y siendo su hija secuestrada; Hicks, el mensajero, sheriff de un poblado cercano, se unirá al “Sacerdote” para rescatar a la chica antes de que sea tarde. Por el camino, veremos un mundo parcialmente dominado por la Iglesia que se opone a que el “Sacerdote” vuelva a la actividad y unos vampiros más listos de lo que los humanos pensaban…

Esta película está basada en el cómic Priest, una obra del coreano Hyung Min-woo que actualmente publica Norma Editorial. Si bien no es una adaptación del cómic original, sí nos ofrece una ambientación similar [al menos con lo poco que he leido], y una historia que promete continuación… o continuaciones a juicio del final de la película.

Lo primero que me llamó la atención fue el ambiente de Unión Soviética estalinista de Ciudad Catedral, el primer escenario que nos ofrece la película, una ciudad oscura llena de consignas y con un ambiente triste y desolado; sin duda, si la URSS hubiera sido católica nos encontraríamos esto [o si nos gobernaran ciertos partidos promocionados por ciertos medios de comunicación]. Los demás escenarios son desiertos, bunkers y tierras desoladas por los vampiros, propios de cualquier escena post-apocalíptica. El mejor escenario para irse de copas con los amigos.

No he entrado especialmente en detalles en las películas, ya que no quiero destriparoslas, una para que la veais y otra para ahorraros morir de un ataque de caspa. Si queréis entrar en alguna discusión, podemos hacerlo a través de comentarios en este mismo post.

Disfrutad, sed felices e id al cine a ver las películas que merezcan la pena, sólo si vais en buena compañía y tenéis algún plan alternativo [quién me ha visto y quién me ve…].

Hoy somos Dorian Gray

La semana pasada fui a ver con mi novia “El retrato de Dorian Gray“, aprovechando unas entradas gratis que le había regalado Cajasol [sí, de vez en cuando el banco da alguna alegría]. Ella andaba con la mosca detrás de la oreja, ya que sus gustos culturales y los míos suelen diferir en momentos puntuales: gustos musicales [ella Björk, yo Muse; ella Whitney Houston, yo Joaquín Sabina], gustos por los espectáculos [llevo años queriendo ir al teatro, pero se niega a venir conmigo, EJEM ¬¬]… y nuestros gustos filmográficos no son una excepción. Como nos íbamos a pegar una sesión doble de cine ella eligió una película [“Prince of Persia“, me encantó], y la mía fue “El retrato de Dorian Gray“.

Os pondré en situación: Dorian Gray, un joven increiblemente guapo y atractivo, llega a la Londres de finales de siglo XIX con intención de reclamar la herencia de su abuelo, su única familia, recientemente fallecido. Dorian, incauto y bastante mojigato, conoce en una serie de fiestas de la alta sociedad londinense a las que serían las dos personas más influyentes en su vida: Basil Hallward, un prometedor pintor que queda cautivado por la belleza de Dorian, y Lord Henry Wotton, un noble cuya filosofía de vida se basa en la satisfacción de su propio ego. Basil convence a Dorian para inmortalizarle en un retrato, el que terminaría convirtiéndose en su mejor y más importante obra, mientras que Henry termina convenciéndole que lo único importante en la vida es la belleza y la satisfacción de los sentidos.

Dorian, al ver el retrato de Basil, se enamora de su propia belleza, e influenciado por las “enseñanzas” de Henry, desea ser siempre como ese retrato, eternamente bello y joven. Con el tiempo, descubre que su deseo se hace realidad: él nunca sufre heridas ni los estragos de la edad, todos los recibe su retrato, así como sus acciones afectan a la belleza que originalmente reflejaba el cuadro. Obsesionado con las ideas de Henry, busca explorar y descubrir nuevas sensaciones, pervirtiéndose en todos los sentidos, y llevando la desgracia a todo el que le rodea, mientras su retrato se corrompe con cada mala acción que realiza.

La película, aunque no es un fiel reflejo de la novela original escrita por Oscar Wilde, muy recomendable por cierto, es una adaptación increiblemente buena, tan buena que hasta mi novia salió muy satisfecha de la sala. Durante la cena posterior, mientras empezaba la sesión golfa con “Prince of Persia“, llegamos a la conclusión de que la historia era muy visionaria.

¿Visionaria por qué? Simple: en épocas de comodidad y asentamiento, con sus necesidades básicas cubiertas, el hombre busca satisfacer su propio ego y sus sentidos, meditar sobre temas trascendentales… ¿Tenemos alguna necesidad que cubrir? Maticemos: ¿nuestra juventud tiene alguna necesidad que cubrir? Dinero cuando les hace falta, alcohol para ahogar sus penas y macerar sus alegrías, móviles mejores que el mío que me he pagado yo… Podría caer en la tentación fácil de hacer un post para despotricar de esta última generación, que tienen para despotricar, pero no sería justo no darnos un tirón de orejas a todos, ya que son los adultos quien les enseñan. Un par de ejemplos…

Hoy leo en Twitter que la web de “Sálvame” ha sido hackeada, dejando un “cariñoso” mensaje dedicado a Belén Esteban. Estando más o menos de acuerdo con la acción, deja en evidencia una cosa: el hecho de que la “princesa del pueblo” [¡mis cojones!] se embolse más de un millón de euros al año por escupir mierda barriobajera en un programa todavía más barriobajero, por no hablar de exclusivas en revistas, “robados” en Interviu, demandas varias [que sólo sirven para colapsar de estupideces los juzgados mientras casos verdaderamente importantes se quedan en las puertas]… ¡Y lo peor es que todo hay quien lo paga, y somos el populacho que tan indignados estamos!

Por otra parte, leí hará un año cosa así en la sección “El gilipollas de la semana” de la revista El Jueves que los ejecutivos de AIG, una aseguradora estadounidense que fue salvada de la quiebra con millones de dólares procedentes de los contribuyentes, lo celebraron gastándose más de 400.000 dólares en un viaje de una semana en el balneario más lujoso del país con todos los gastos pagados por la aseguradora.

Sí, queridos marineros de las estrellas, el hedonismo y egoismo que ya criticaba Ovidio en su poema sobre Narciso en tiempos antiguos, continuó Dante en la “Divina Comedia” y plasmó en su obra Oscar Wilde, y que llevó a la desgracia tanto al propio Dorian Gray como a todo el que le rodeaba, sigue vivo hoy, con más fuerza que ayer pero seguro menos que mañana. Es una lástima que al salir del cine nos quedemos pensando “qué buena película” en lugar de “¿me parezco a Dorian Gray?“. Deberíamos hacer un poco de ejercicio de autocrítica y pensar que hay cosas más importantes en la vida que nosotros mismos. ¿Qué es lo verdaderamente importante en la vida entonces? Eso es algo, queridos amigos, que no puedo contestaros yo, ya que mi felicidad puede que sea vuestra desgracia. Buscad ser felices y hacer felices a los demás, es mi consejo 😉

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