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El otro lado del espejo del Mundial

Han pasado tres días desde que estalló la gran bomba informativa no del año, sino quizás de la década: España ha ganado el Mundial tras un gol de Andrés Iniesta tras 116 minutos de juego llenos de carreras, dolores y patadas dignas de cualquier pelea de Tekken. Del Mundial se pueden sacar muchas conclusiones que nos demuestra que el deporte puede sacar múltiples facetas del ser humano:

El primero de todos es sobre la victoria de La Roja. Recuerdo un chiste que escuché ayer en el recopilatorio de El Intermedio que hizo Wyoming: “Lo mejor que hacía la Selección de Clemente era perder“. Y es verdad, la trayectoria de la Selección ha tenido más sombras que luces: basta con recordar cómo nos apearon de Francia 98 aun con los 6 chícharos que le metimos a Hungría [tras perder con Nigeria y empatar con la Paraguay de Chilabert], el robo que nos hizo el árbitro egipcio en el Mundial de Corea y Japón 2002, y por no hablar del batacazo del anterior Mundial de Alemania 2006. Sin embargo, algo cambió hace dos años: tras unos agónicos partidos, conseguimos llegar a levantar la Eurocopa en 2008, lo que nos llenó de valor y moral, sobre todo de cara a este Mundial.

Nunca he sido especialmente futbolero, y de hecho cualquiera que me conozca sabrá que nunca me he gastado un duro en ir a un estadio [sólo he ido dos veces, una al Sánchez Pizjuán y otro al Benito Villamarín, y ninguna pagando] ni he seguido a ningún equipo, salvo cuando jugaba la Selección española. ¿Por qué? Quién sabe… Puede ser por ese extraño instinto que tenemos los humanos de decir “lo mío es mejor que lo tuyo“, quizás sea un sentimiento nacional… Lo único seguro es que no es algo que me afecte a mí, lo demuestran las más de 2 millones de personas que acudieron en Madrid a la celebración del trofeo. ¿Cómo puede ser que un balón nos ponga de acuerdo a más personas que buscar soluciones a una crisis económica de caballo? El deporte tiene caminos inescrutables…

Por otra parte está nuestro equipo rival, la selección de Holanda. Los dos primeros minutos me dejaron claro a lo que iban a ir: a la pierna. Un juego duro, sucio y sin cortarse un pelo, sin importarles destrozar piernas por el camino haciendo suyo la frase de Maquiaveloel fin justifica  los medios“. ¿Tan importante es ganar que da igual el método por sucio que sea?. Se podría decir que finalmente ganó el mundial el buen fútbol, el juego limpio y la deportividad, encarnados precisamente en España. Especialmente criticables fueron la patada de De Jong a Xabi Alonso, las entradas de Van Bommel y los gritos y protestas de Robben que le terminaron costando una amarilla. Desde luego, en caso de que hubieran ganado la victoria sería recordada como la más fullera de la historia.

Una selección que, la verdad, me gustó que cayera fue Italia: un fútbol con poca espectacular y basado en tener a todos los jugadores en la defensa, un juego basado no en ganar, sino en “no perder“. Otro ejemplo de la sobrevaloración que damos a la victoria son las actuaciones de las selecciones de Alemania y Holanda al perder sus partidos. Los alemanes, completamente en su mundo, fueron un festival de caras amargadas y de actitudes de mal perdedor; el seleccionador de Holanda, nada más recibir su medalla de plata, se la quitó al instante. Igual que hay que estar preparado para la victoria, hay que estarlo para la derrota, y asumirla con deportividad.

Otra cosa que me llamó la atención fue el protagonismo indeseado de Sara Carbonero. Quien no conozca a esta bella moza, comentar es es reportera de Telecinco, concretamente de la sección de deportes… y a su vez novia del portero internacional Iker Casillas. Desde la prensa británica acusaron a Telecinco de situar detrás de la portería española a la periodista para crear una historia de morbo, cebándose aun más cuando España perdió el partido contra Suiza. No obstante, se terminó produciendo la imagen que todo el mundo esperaba: en plena euforia por la victoria, Carbonero entrevistaba a Casillas que, hasta los huevos de todas las habladurías, le dio un señor beso a su novia en directo para todo el país. Sin embargo, no callaron a la gente, sino han dado más que hablar… más que hacerlo ellos, lo hace Telahinco… digooooo, Telecinco, impidiendo que ninguna televisión emita las imágenes de dicho beso, a menos que pasen por caja con la cartera bien llena de billetes: concretamente, dos millones de euracos. ¿Morbosos nosotros? ¡Qué va!

Por último, no quiero dejar de observar al país anfitrión, Sudáfrica. Después de un mes de espectáculo futbolístico y de tener los ojos de prácticamente todo el mundo encima, ¿qué ha cambiado? Un gasto impresionante en ocho campos de fútbol creado sólo para la cita mundialista, creaciones de complejos deportivos y hoteleros, dinero procedente de los cinco continentes, docenas de horas de reportajes sobre el país… ¿Para qué ha servido? Ni con el “gran despliegue policial” que se levantó se evitaron los robos y algunos actos de vandalismo, en algún que otro periodista ha salido, literamente, con una bolsa llena de ropa sucia y la otra mano detrás. Sinceramente, ¿para qué ha servido todo esto? ¿Quién se acordará de Sudáfrica y sus habitantes a finales de este año? Muchos seguirán pobres, otros presa de la violencia… ¿Pero qué nos importa lo que les pase?

En fin, no todo fue fútbol y “jogo bonito“. Hay muchas por las que deberíamos pensar: está claro que hemos disfrutado de un gran espectáculo y que muchos españoles nos hemos llevado grandes alegrías gracias a Villa, Iniesta y compañía, pero también tenemos que ver que de todo se aprende en la vida y nos puede ayudar a ser mejores personas. Planteaos lo que os he dicho y sacad vuestras conclusiones; es más, os animo a que esas conclusiones que saquéis las compartáis conmigo y con todos los marineros que navegan en este océano.

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