El opio del pueblo

Siglo XIX, Alemania. Un simpático y barbudo bávaro presentó una serie de ideas revolucionarias en su momento y sin las cuales seguramente no podríamos entender nuestra historia más reciente, el comunismo moderno, una alternativa al capitalismo que tan ricos hacía a unos y tan pobres a otros. Una de sus teorías establecía que la Iglesia sólo era “el opio del pueblo“, una serie de dogmas y creencias que nos mantenían “alienados” mientras nuestros bisabuelos iban a las fábricas a trabajar sin protestar, cobrando una miseria y arriesgándose cada día a morir.

Hoy en día, si el señor Marx levantara la cabeza seguramente la volvería a hundir del susto. Efectivamente, para gran parte de la población el Iglesia ya no es ese “opio” que nos tenía “alienados” [como hoy diríamos, amamonaos], nos hemos librado de su “tiranía“… sólo para caer en más y más drogas que nos tienen en el mismo estado. Somos unos multitoxicómanos en potencia.

Recientemente se podía leer en los periódicos que se iban a despejar las calles de Barcelona de los llamados “indignados” para hacer limpieza y dejar la plaza libre para que los aficionados al FC Barcelona, club al cual felicito por su recientemente obtenida Copa de Europa, pudieran celebrar a gusto su nuevo título. El problema llegó cuando los “indignados“, con dos cojones, dijeron que no se quitaban, que se quedaban quietecitos sin armar escándalo: el señor alcalde de Barcelona decidió coger a los Mossos d´Esquadra [perdón a todos los catalanoparlantes si no lo he escrito bien, necesito clases…] y, en plan bulldozer, retirar a todos los acampados. Sí, fue una imagen muy bonita ver a un Mosso partiéndole la nariz a un manifestante indefenso en el suelo, o incluso atacando con la porra a uno en silla de ruedas [cosa perfectamente justificada, no sea que llamando a Kit la Silla Fantástica le atropelle y le mande por los aires]. ¿Tan importante es el fútbol para este alcalde, o era una excusa para que el populacho se calmase una noche a ver si se les pasaba el mosqueo?

Echando la vista atrás y discutiendo este mismo tema con amigos míos y clientes de esa tienda que tanto frecuento y cuya opinión compartimos, todo tiene un origen: Internet. No porque los activistas de este movimiento se hayan organizado por Internet, qué va… Hablo de cuando las primeras voces populares se levantaron, a raiz de la llamada “Ley Sinde“. Por triste que parezca, ver cada semana Cómo conocí a vuestra madre ha tenido el poder de movilización popular que no tiene una crisis, tócate los cojones.

La Ley Sinde, por si alguno de mis amados lectores habéis estado en un asteroide de Marte los cuatro últimos años, es una ley que la “amada” Ministra de Cultura Ángeles González-Sinde ha promovido para “eliminar” [jajajajajajajajajajajajaja… perdón, un acto reflejo] las “descargas ilegales“… O sea, que si queremos ver una película o una serie haya que pasar por taquilla; el motivo oficial es que los autores y editores puedan vivir de su trabajo. Yo estaría de acuerdo con esto [de hecho, desde que trabajo y tengo una cierta estabilidad económica me permito algún videojuego o alguna película de vez en cuando] si no fuera porque el actual modelo de mercado de ocio está cayendo de forma rotunda en picado por no adaptarse a los nuevos tiempos. Sin querer entrar en más detalles, una comparación: ¿veis los trenes eléctricos de Renfe? ¡Pues habría que prohibirlos ya, que la gente que vive del carbón tiene también que comer?.

El problema de esta ley no es su contenido, sino la forma en la que fue impuesta: POR COJONES. Las presiones de determinados grupos empresariales, muchos de ellos americanos, apenas miles de personas, han podido más que la voluntad de millones de ciudadanos, sólo porque esos grupos tienen más influencias y dinero que los ciudadanos de a pie que mantenemos a esas empresas y al gobierno que promueve esas leyes. A partir de la instauración de esa ley [de forma sospechosamente parecida a como actúan las repúblicas bananeras] empezaron a surgir voces en contra de los partidos políticos que promovieron esta ley [PSOE, actual gobierno, PP, principal partido de la oposición, y CiU, principal partido catalán], llegando incluso a debatirse la necesidad de que este sistema electoral caduco y más propio de tiempos de Isabel II sea sustituido por un sistema más igualitario. Seguramente ZP pensará en estos momentos “¡Ángeles, por qué no te has quedado calladita, guapa!“.

Roma se guiaba por el lema “dadles pan y circo” para que sus decisiones no fueran cuestionadas, un método, que más de 20 siglos después sigue funcionando a la vista de los resultados. El circo lo tenemos por todos lados: Internet, el fútbol, los paripés que montan los medios de comunicación, programación de calidad como Sálvame… pero claro, aquí falla algo: el pan, cosa que muchas familias no pueden permitirse ni una miga, no distrae el apetito, así que nos devuelve a la realidad. La intención de este ladrillo que os escribo no es levantaros en revolución contra el poder establecido, otros antes que yo lo han hecho y con bastante éxito. Sólo quiero animaros a pensar en lo que de verdad importa, que no os dejéis engañar ni distraer y nunca olvidéis que vosotros como ciudadanos individuales tenéis unos derechos que hacer valer… y que juntándonos somos la hostia.

Nunca he tenido madera de líder revolucionario, pero los años me están ayudando a darme cuenta de la cantidad de veces que nos intentan “colar la bacaláa” y poniéndonos una cortina de humo que nos impida pensar con claridad, ya que a fin de cuentas la labor de un político es decidir y pensar por nosotros, aunque a veces nos terminen sustituyendo demasiado.

Por cierto, yo en las elecciones de Sevilla no dí mi voto ni a PP ni PSOE ni IU, esos impresentables no serán legitimados en sus poltronas por mí. Y espero que de aquí a 10 meses más penséis igual que yo. 2 millones de personas puede que hagan poco, ¿pero a que si fueramos 12 millones quienes no les votáramos la cosa cambiaría?.

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  1. Bitacoras.com — 31 mayo, 2011 @ 16:20

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